martes, 22 de septiembre de 2015
Boquerón, una película necesaria
Llegando a la premier de la esperada película “Boquerón” en la Cinemateca Boliviana, y al ver a la entrada a tres personajes con armas y disfrazados de soldados bolivianos de la Guerra del Chaco (1932-1935), la memoria empezó a hacer de las suyas de manera inevitable. Al igual que el de muchos, mi abuelo Guillermo Ayala López fue a combatir a las arenas del Chaco. Al ser de profesión abogado fue con un rango de sargento sin ser militar. Las amargas experiencias que sufrió en la contienda lo marcaron para siempre creando en él un comprensible trauma post bélico. Sin embargo, de algún modo inconsciente, él lo sublimaba contando a todo el que quisiera oírlo las peripecias de semejante suceso. Entre los que lo escuchábamos estábamos sus nietos pequeños quienes apenas podíamos entender tanta información y detalles, nos contaba hechos tales como cuando tuvieron que caminar 10 leguas para encontrar algún pozo de agua (y no sabíamos si hablaba de lenguas o de qué); el sufrimiento que les causaban los insectos de la región, que se les metían por todos lados en la noche picándolos sin piedad; la falta de agua en una de las regiones más áridas y calientes al sur del país, y la necesidad de tomar, incluso, sus propios orines como líquido; la vez que tuvieron que huir de un ataque paraguayo siendo la única salvación cruzar un río muy caudaloso, y sólo se pudieron salvar los que sabían nadar bien como él, y como uno de sus sobrinos casi lo ahoga al agarrarse de una de sus piernas en la desesperación; como su hermano mayor, quien era capitán, le salvó la vida al ordenarle a él y todo su grupo de soldados que fueran a una de las bases bolivianas y volvieran después al frente de batalla donde se encontraban, como volvieron después de una semana y todos, incluido su hermano, estaban muertos. Historias como estas son las que vivieron los combatientes del Chaco y llegaron a nosotros por sobrevivientes como mi abuelo quien incluso tenía una pequeña cicatriz en la frente por una bala que le rozó. En su homenaje me leí completa la que él consideraba la mejor y más completa historia sobre dicha guerra, “Masamaclay” (lugar de encuentro de hermanos, en guaraní) del historiador y excombatiente chuquisaqueño, Roberto Querejazu Calvo.
Boquerón es, en realidad, un merecido homenaje a nuestros combatientes en las arenas del Chaco (Infierno verde, le llamaban). Muestra las historias de cuatro jóvenes de distintas regiones y condiciones sociales del país quienes se encuentran en el famoso fortín paraguayo Boquerón, el cual fue tomado por los bolivianos durante casi un mes enfrentando más de 600 soldados bolivianos el asedio de 12000 paraguayos (gran parte de su ejército), siendo un ejemplo de resistencia y valor que está escrito en la historia con sangre y honor. Llena de dramatismo, con diálogos bastante profundos y humanos, actuaciones sobresalientes y bien estudiadas, una música magistral compuesta por el músico cochabambino Huáscar Bolívar, ésta era y es una película necesaria. Necesaria para todos los que queremos entender mejor a nuestro país, como toda manifestación artística es como un espejo que nos muestra nuestro verdadero y oculto rostro, el cual se fue perdiendo en el insondable tiempo. Necesaria para los mayores, los jóvenes y los niños, para entender todo lo que sufrieron dos naciones vecinas, Bolivia y Paraguay (las más pobres de Sudamérica) por el interés en el petróleo descubierto en el Chaco por empresas transnacionales y capitales de grandes potencias, concretamente la Standar Oil de Estados Unidos y la Brithis petroleum de Inglaterra, quienes de muchas maneras orillaron a ambos países a una cruenta e insensata guerra que costó más de 80000 mil vidas. En el caso de Bolivia, bajo la presidencia del jurista Daniel Salamanca, y con el trauma de la pérdida del Litoral contra Chile en 1879, en esta guerra se hizo todo lo humanamente posible por no sufrir una derrota, lo que ocasionó que el país entero llevara a lo mejor de su gente y sus mayores recursos para combatirla con alma, vida y corazón. Con el lema: “Hay que pisar fuerte en el Chaco” y el grito de guerra de los soldados: “Asunción para Bolivia”, nuestros abuelos asistieron a la lucha con todo el peso de la historia a cuestas y el anhelo de no perder, una vez más, alguna parte de nuestro territorio.
Si bien hay algunas partes de la película algo lentas, pasajes extremadamente largos y algunas escenas excesivamente melodramáticas; la película tiene entre sus virtudes el ser una ser una mirada estética, literaria e histórica hacia el siglo XX y recordar, de esta forma, las vivencias de muchos de los nuestros en las candentes arenas del Chaco.
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