sábado, 21 de marzo de 2015
“Papeles inesperados” de Julio Cortázar
Existen libros que se escabullen, son escurridizos, difíciles de encontrar, casi inalcanzables, como son algunas personas que pasan sigilosamente y casi sin dejar rastro por nuestras vidas. Eso me sucedió con este libro de Julio Cortázar desde hace más de tres años. Lo vi por primera vez cerca de la UMSA, en la calle frente a una buena librería como es “Yachayhuasi” (Casa del saber en quechua). Lo hojeé con interés muy rápidamente y, como lo supuse de inmediato, era muy interesante y valía la pena comprarlo. No lo compré entonces porque el libro en cuestión era pirateado y me pareció más honesto conmigo mismo y con el autor de “Rayuela” comprar uno original. Así que me aguanté las ganas, dejé el libro y pensé en comprarlo con posterioridad. Después de más de un año me volví a topar con el libro, esta vez fue en Cochabamba en una librería del centro de la ciudad, esta vez la situación fue distinta, se trataba sin duda de una edición original y hojeé el libro con más calma leyendo algunas páginas y parte de la interesante introducción del español Carles Álvarez, pregunté por el precio y resultó que era algo caro y que no tenía el suficiente efectivo para comprarlo de inmediato. Pensé lógicamente en volver a las pocas horas o al día siguiente, pero por varias razones me fui de Cochabamba perdiendo una vez más los “Papeles inesperados”. Meses después empecé a buscar el libro en algunas librerías de prestigio en La Paz y, para mi extrañeza, me comentaron que el libro sí lo tuvieron, pero que se agotó en poco tiempo. En meses posteriores intenté conseguir el libro entre los libros pirateados donde lo había visto tiempo atrás y nada, fui, incluso, a otros lugares como el Pasaje Nuñez del Prado donde venden casi exclusivamente libros piratas y no lo tenían o simplemente no lo conocían. Hasta que hace un par de semanas estuve en Santa Cruz y para mi sorpresa, agradable sin duda, el libro estaba muy bien exhibido en una excelente librería y cafetería como es Ateneo. Sin pensarlo dos veces tomé el libro sin revisarlo ni hojearlo, fui a la caja y me dispuse a comprarlo. Saqué mi tarjeta de crédito y, vaya situación, no funcionaba bien la máquina de tarjetas. La vendedora intentó varias veces hacer funcionar su máquina y no pudo, así que me dijo: sólo en efectivo por favor. Me tomé un buen “smoothie” de frutas para el calor de la ciudad y salí de la librería. Tuve que tomar un taxi para ir a buscar un cajero de mi banco y sacar el metálico suficiente para comprar el escurridizo libro. Volví al cabo de una hora con el dinero y logré, al fin, comprarlo. Me senté cómodamente en la cafetería, pedí un té inglés helado y comencé a leerlo con el mismo entusiasmo e interés que de niño tenía al jugar o como diría el propio Cortázar: “con la inocencia e ignorancia de un niño”. Conforman el libro varios textos encontrados por la esposa de Cortázar, Aurora Bernárdez (95 años), en una vieja cómoda que tenía el autor llena de cajones, los cuales estaban atiborrados de papeles escritos sobre distintos temas, acontecimientos, estilos, géneros, etc. Los cuales fueron escogidos por ella y Carles Álvarez para esta edición de nada menos 486 págs. Están presentes el humor, la inteligencia, el juego, la música, el arte y la vasta cultura que Cortázar no podía esconder ni mimetizar en sus textos porque formaban parte de su ser como individuo y como escritor. También llaman la atención sus amplios y profundos conocimientos de filosofía, historia y política que se manifiestan en sus pequeños ensayos, conferencias, prólogos, discursos y auto entrevistas. Uno no puede más que reír con el autor cuando cuenta que en un viaje que realizó en tren por España con su esposa compraron una mala novela policiaca de un autor merecidamente olvidado, y fueron arrancando cada una de las hojas del libro y tirándolas por la ventana del tren hasta llegar a la última página donde aparecía el nombre del asesino, mientras los otros pasajeros (quienes no leían nada) los miraban atentamente con ojos de censura y reproche ante semejante atrevimiento y falta de respeto hacia un libro. O la ocasión en la que en un café de Paris el autor de “Bestiario” le puso un pedazo de pan a una mesa coja, y sintió de inmediato las palabras de repudio de una señora “decente” quien le increpó por usar el pan de esa forma ya que esas cosas no se hacen nunca…
domingo, 1 de marzo de 2015
El nuevo traje del Presidente
Claro que el Presidente sigue siendo un hombre humilde, modesto, ahorrador y sencillo, que puede dar consejos de austeridad hasta al Papa. Un digno representante de las clases más desposeídas, vilipendiadas y oprimidas de nuestra sociedad. Lo que sucede es que sus gustos han variado un poco, sólo un poco: ahora no va a pie o participa en largas marchas, ahora viaja en un automóvil Lexus que vale más de 100 mil U$; no viaja en vuelos comerciales o avionetas como antes, viaja en un avión privado que cuesta 42 millones de U$; no sueña con el espacio sideral, compra un satélite ciego por 305 millones de U$; no quiere vivir en el histórico pero pequeño Palacio Quemado, se construye un nuevo palacio a su medida por 33 millones de U$; no toma cerveza o chicha como acostumbraba, toma Jhonny Walker etiqueta azul que cuesta 250 U$; no escucha música popular por radio, ahora son los Kjarkas quienes se lo cantan personalmente; no se posesionó simplemente, se gastaron 3.5 millones de B$; no usó su famosa y acostumbrada chompa de polyester con franja que tanto revuelo causó en Europa, usó un traje completo de lana de vicuña que costó 28 mil B$. Son sólo pequeños detalles, bagatelas, nimiedades atribuibles al poder irestricto; por lo demás todo sigue igual: el mismo discurso, los mismos reclamos, las mismas promesas, las mismas necesidades, nada ha cambiado sustancialmente, es la misma persona, ¿alguien puede dudarlo...?
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