martes, 17 de septiembre de 2013

Un gran boliviano

“Se puede vivir sin arte, pero no se puede ser sin arte” Ricardo Pérez Alcalá Él nació en un rancho de un pequeño pueblo al sur de Potosí llamado Corincho, en una familia de clase media con limitaciones económicas. Desde su infancia demostró gran precocidad por el arte siendo deslumbrado, a sus tres años, al contemplar los colores de una pequeña caja de acuarelas de su hermano mayor Ismael, la cual consideraba como una experiencia trascendental. A sus diez años ganó el Premio Nacional de Pintura Infantil, que auguraba toda una vida de premios y reconocimientos en cuanto evento participaría. A sus quince años hizo su primera exposición en Potosí donde sólo fue su familia, y algunos de sus hermanos, contaba él, estaban muy incómodos porque los vieran en el evento. Recordaba que pasaban algunos transeúntes, metían la cabeza a la sala de exposición y decían: sólo son cuadros. A la misma edad llegó a La Paz, expuso más de 30 acuarelas en la Sala Cecilio Guzmán de Rojas de la Alcaldía y vendió todas sus obras, tenía tanto dinero que no sabía qué hacer con él e incluso se le quitó el hambre. En dicha exposición llegó una señora muy elegante acompañada de un grupo de personas y pidió ver al pintor, se trataba de la famosa escultora Marina Nuñez del Prado quien al verlo le tomó con las manos su rostro y le dijo: pero si sólo eres un niño. Terminó conjuntamente la secundaria y sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Potosí. Posteriormente viajó a La Paz a estudiar arquitectura para que la arquitectura solventara su pintura, según él; pero en su mejor momento vital fue la pintura la que solventó, en realidad, su arquitectura. Se destacó en la carrera de arquitectura desde el primer curso, siendo una de sus obras de juventud la iglesia Corazón de María de Miraflores en La Paz. Por distintos motivos tuvo que viajar a continuar sus estudios en Cochabamba donde los terminó íntegramente. En 1969 en Cochabamba ganó el Primer premio y Medalla de Oro en Arquitectura, Primer premio y Medalla de oro en dibujo, y Primer premio y Medalla de oro en acuarela, siendo un caso único en el que una sola persona ganó los tres premios el mismo año. Posteriormente viajó a La Paz donde realizó los murales de la Casa de la Cultura y diseñó importantes obras arquitectónicas como la Piscina Olímpica y la Normal Simón Bolívar. Posteriormente pintó centenares de acuarelas hasta que logró su famosa obra de 1976 “Saguán Zapatería” basada en una zapatería cercana a San Francisco. Técnicamente fue considerada por sus colegas pintores y él como un hito de la acuarela boliviana. Gracias a ese logro pictórico se decidió a salir del país con esta acuarela y otras más bajo el brazo. Llegó, en primera instancia, al Perú donde fue muy bien recibido, y posteriormente a Ecuador donde hizo varias muestras y le pidieron que se quedara, ofreciéndole distintos trabajos. Continuó su recorrido a Venezuela donde radicó por varios meses. Dio un salto por un tiempo breve a México porque su objetivo final era, en realidad, llegar a España y visitar la famosa Escuela de San Fernando. Pero dicho tiempo breve en México se prolongó por 14 años. Ya en México comenzó, como todo pintor recién llegado, exponiendo sus obras en el Monumento a la Madre en la capital, donde centenares de pintores exponen sus obras semanalmente. Pasó entonces momentos económicos muy difíciles, prefiriendo en algún caso comprarse flores para su habitación que algo de comida, “para alimentar el espíritu”, decía él. Poco a poco fue siendo reconocido por sus colegas y compradores hasta que un vendedor de arte, de origen español, le ofreció comprarle todo lo que pintaba a precios módicos. Su obra, en años posteriores, llegó a las más importantes galerías de la Ciudad de México y los distintos “merchants” de arte así como coleccionista privados llegaban directamente a su casa a comprarle todo lo que hacía. Entre los años 1984 al 89 ganó en cuatro oportunidades el Primer Premio Nacional de Acuarela de México. Llegando a decir uno de sus colegas, afectuosamente: “Y pensar que el mejor acuarelista de México es un boliviano”. Hizo importantes exposiciones en el Museo de Minería y el en Poliforum Cultural Siqueiros, recintos fundamentales de la cultura mexicana. Sin embargo, pese a la fama y el prestigio que logró su obra y su persona, nunca dejó de visitar a sus amigos pintores del Monumento a La Madre, hasta su retorno a Bolivia. Su retorno al país se debió principalmente al proyecto de construcción del Monumento de confraternidad de Ilo, Perú. Idea que partió de él como un agradecimiento de Bolivia al Perú por los acuerdos de Ilo y la playa Boliviamar. Habló con los entonces presidentes Paz Zamora y Fujimori para explicarles el proyecto, siendo autorizado y financiado el mismo por ambos gobiernos. A su vuelta al país, el entonces embajador de México en Bolivia conociendo su trayectoria le dijo: “Maestro Pérez Alcalá, si usted quiere podemos tramitar sus papeles de nacionalización como mexicano”, a lo cual él respondió: “He sido tantos años boliviano que voy a morir siendo boliviano”. Recordaba también con humor como a su llegada a Potosí, después de 14 años, con todos su reconocimientos a cuestas, se encontró con un amigo de escuela quien le dijo: “a todos nuestros compañeros les ha ido mal, al único que le ha ido bien es a mí, pues soy asesor legal de la policía…” preguntándole seguidamente: “¿Y tú a qué te has dedicado?”, “soy pintor”, respondió él de manera escueta, a lo cual su amigo sentenció: “¡De pintorcito nomás te has quedado…!” Ya en el país recibió la Medalla del Senado en 1994, el Premio Nacional de Cultura en 1997, Primer Premio Nacional de Arte Sacro en 1998, Premio a la Excelencia en La Trienal Mundial de Acuarela en Colombia en el 2006, Premio Bienal internacional de Arquitectura en 2008, Premio Trayectoria de Vida del Gobierno Municipal de La Paz en 2009 y Gran Premio Mundial de Acuarela en Colombia, el mismo año. Siempre dejó en todos los eventos que participó el nombre de Bolivia muy en alto porque dijo en varias ocasiones: “Amo a mi país, pero hay cosas que no me gustan, hay que cambiarlas…” Entre sus últimos logros, además de sus varias obras arquitectónicas, destacan el Premio Lienzo de Oro de la Academia de la Pintura Francesa el 2012 y su exposición en el Museo del Louvre de Paris el mismo año. Algo que lo llenó de orgullo, porque expuso donde exponen sus grandes maestros: Da Vinci, Rembrandt y Velázquez. Pero quien en realidad ha llenado de orgullo a su familia y al país es él con su vasta trayectoria, sus obras, enseñanzas, ejemplo de trabajo, sabiduría, lucha por su vocación, talento extraordinario, amor por la vida y aprecio por todo lo bello que ésta tiene, lo cual nos permite recordar la sentencia del escritor Godfried keller: “Crear lo bello… al fin y al cabo nuestros adversarios no podrán resistirlo…” Pablo Pérez Ayala

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