viernes, 20 de febrero de 2015

Fútbol en la altura

Casi siempre que juega un equipo argentino en las ciudades altas de Bolivia (La Paz, Oruro y Potosí) y pierden, se quejan por la altura; cuando ganan, nadie se acuerda de ella. Si la altura fuera tan determinante como aseguran estos equipos y los comentaristas argentinos de la Fox ¿por qué los equipos bolivianos difícilmente llegan a las finales de la Copa Libertadores? Si la altura fuera definitoria y afectara tanto como sostienen, ¿por qué la selección boliviana (que juega siempre en La Paz) no asiste a todos los mundiales indefectiblemente? Las respuestas son lógicas y obvias: la altura no es la que juega, son los equipos (buenos o malos); la altura es un elemento más que influye (no determina) en algún grado a la práctica deportiva, como lo hace la humedad, el calor, el frío, la nieve, la lluvia, etc. En la historia de la práctica mundial de fútbol, ningún jugador ha muerto jugando en la altura, pero sí han fallecido muchos a nivel del mar. Ahora bien, habría que preguntarles a esos doctos comentaristas (parcializados), ¿cuál es la altura idónea para jugar? Si nos dicen que es a nivel del mar, cientos de ciudades del mundo como: Quito, México o Bogotá estarián limitadas a practicar fútbol (no hubieran habido dos Mundiales 70 y 86). ¿500 mts. snm o 1500 mts. snm, son idóneos?, por qué no 1501 mts. snm o 2001 mts. snm, ¿cuáles son las diferencias? Si seguimos con los metros de altura llegamos a lo que se denomina "reducción al absurdo". Porque atribuirle a la altura la derrota en el fútbol es, en realidad, un absurdo. Como también lo es señalar que la pelota (en la altura) no "dobla", es decir, no cae donde "debería" caer, no hace una curva (según estos expertos en fútbol y en física de la Fox). Lo que sucede es que al existir menos oxígeno en la altura y menor presión atmosférica hay menos resistencia del aire y obviamente la pelota cae más lejos, eso es todo; pero hablar de que "dobla" o no "dobla" es una redoblada tontería que refleja el nivel de los que manejan los hilos del fútbol en Sudamérica.

sábado, 14 de febrero de 2015

"De ratones y hombres" de John Steinbeck

Comencé a leer a John Steinbeck hace varios años depués de ver la adaptación de esta tremenda novela "De ratones y hombres" al cine. Posteriormente leí, para mi fortuna, otras novelas de este notable escritor noteamericano, Premio Nobel 1962, por méritos propios. Su obra, ambientada principalmente en California, podría enmarcarse en la corriente realista e, incluso, naturalista, y forma parte de la denominada "Generación perdida" que la conformaron escritores norteamericanos que vivieron y escribieron en Paris en el período entre guerras, en medio de la Gran Depresión, de ahí que sus temáticas recurrentes sean la violencia, el pesimismo y el sin sentido. Además de John Steinbeck destacan Ernest Hemingway, William Faulkner, Jhon Dos Passos, Ezra Pound y Francis Scott Fitzgerald, a cual mejor con la palabra. Increiblemente varios de estos escritores influyeron decisivamente en los escritores latinoamericanos posteriores (antinorteamericanos, en su mayoría) que conformaron el llamado "Boom latinoamericano", su influencia fue notoria tanto en las técnicas narrativas como en la estructuración misma de sus obras literarias.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Altiplano Express de Juan de Recacoechea

Ambientada a finales de los años cincuenta esta interesante novela del escritor boliviano Juan de Recacoechea transcurre dentro del tren Arica-La Paz, durante su trayecto desde los 3600 mts. de la altiplanicie paceña hasta la costa chilena. Dentro de los vagones se entremezclan una serie de personajes muy bien concebidos y descritos por el autor con nombres tan singulares como Giuletta, Petko, El Marquez, Alderete, Carla Marlene, Durbin, Doña Clara, Quispe, entre otros, junto al personaje principal, el joven Ricardo. Los personajes son una variada muestra de las distintas clases sociales bolivianas en general y paceñas en particular, están los viajeros que representan a las clases acomodadas o pudientes de la sociedad quienes viajan a la costa para descansar o vacacionar, otros para hacer negocios de importación y exportación, y otros simplemente para fugarse, a como dé lugar, de la realidad nacional por disímiles motivos. Los niveles sociales están muy bien retratados, las costumbres, las frases hechas, los lugares comunes de la clase alta, de los extranjeros pudientes y sus relaciones con el poder, los nuevos ricos y sus aires de suficiencia, el racismo omnipresente en nuestra sociedad se manifiesta también en ese microcosmos sobre ruedas. Amor, odio, desprecio, racismo, clasismo, venganza, sensualidad, sordidez, violencia, ternura, son sentimientos que se van mezclando en la acertada narración de Recacoechea, quien no escatima adjetivos ni vulgaridades convencionales para darle un adecuado toque de informalidad al texto. Destacan también el humor en muchos pasajes y, en algunos casos, el humor negro que el autor utiliza de una manera natural sin que se lea como algo sobrepuesto o como un mero adorno. Los diálogos extensos entre varios personajes son un logro del autor que los trabajó detenidamente, por lo leído. Como toda novela negra lógicamente existe un asesinato en medio de la trama y muchos tienen los suficientes motivos para realizarlo, pero el desenlace no puede más que sorprender hasta al más perspicaz lector. La novela, además, describe muy bien los paisajes altiplánicos, montañosos, desérticos y costeros, por donde transcurre pesadamente el tren expreso, dichas descripciones añaden un toque estético muy bien logrado por el autor en todo momento. Llena de aciertos más que de errores, como el no mencionar qué sucedió con algunos personajes al final de la trama (con la llegada del tren a Arica), esta novela tiene todos los méritos para ser leída con mucho entusiasmo en algunas sentadas y ser apreciada, por méritos propios, como una obra sin duda inolvidable.
La Paz, 04-02-2015

Consternación, susurros y homenajes

Viernes, son las diez de la mañana y el sol brilla tenuemente en el cielo paceño. En la habitual sesión del Congreso Nacional, mientras se discuten innumerables temas, empieza a correr (como reguero de pólvora) una información. Todo mundo comienza a hablar sobre ella, hay voces de asombro y sobresaltos, por doquier, entre los parlamentarios. La información no tarda en llegar a los oídos del Presidente de la Cámara de Diputados. Mientras tanto, los periodistas empiezan a correr raudamente por los pasillos del Congreso. Activan celulares, prenden grabadoras, cargan cámaras, etc. Es el movimiento de los parlamentarios el que ocasiona un movimiento mayor en los periodistas, y el visible ajetreo de los periodistas incrementa, a su vez, la agitación parlamentaria. Después de transcurridos algunos minutos, el Presidente de la Cámara, notoriamente compungido, pide solemnemente un minuto de silencio. La congoja reina en la Cámara de Diputados, las miradas son fijas y serias, algunos no pueden ocultar su tristeza y se oyen sollozos en medio de un consternado silencio. Dicho silencio es transmitido por radio tanto en La Paz como en todo el país, todos llegan a oírlo, todos oyen el silencioso minuto. Las radios aseguran que la infausta noticia fue dada a conocer en la Cámara de Diputados, y en la Cámara de diputados aseguran que la noticia fue dada a conocer en las radios. Pero no importa la fuente: el Congreso, las radios, los periodistas o quien fuera. Impera el desconsuelo y se empiezan a hacer todos los preparativos para los homenajes. Y es que todo indica que don Juan Lechín Oquendo ha fallecido. Parlamentarios de derecha, centro, izquierda, indefinidos y sindicalistas, empiezan, con prestancia, a formular declaraciones: fue uno de los grandes forjadores del movimiento obrero; el hombre más importante de la Revolución del 52; desde el punto de vista sindical, político y humano, un verdadero líder; dirigió la época gloriosa de la COB; murió prácticamente en la miseria, etc. La tristeza sale por las anchas puertas del parlamento y cunde por toda la ciudad. En las calles de La Paz todos hablan de lo sucedido, mucha gente se asombra, otros se entristecen. Los sindicalistas se visten de negro, las floristas trabajan extraordinariamente y en los periódicos las máquinas de escribir suenan sin clemencia. Se origina una verdadera romería en la calle Corneta Mamani donde está la casa de don Juan Lechín. Todos quieren rendirle un homenaje al ex-líder sindical, verlo por última vez, darle el adiós final. Sin embargo, después de casi una hora de consternación local y nacional, Don Juan Lechín Oquendo, "El Maestro", declara: sólo estoy resfriado. (Publicado inicialmente en 1998)